…dele siguiente no más amigo

Pussy Riot: A punk prayer (Mike Lerner y Maxim Pozdorovkin, 2013)


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Si fuera profesor de documentalistas situaría a Pussy Riot: A punk prayer (Mike Lerner y Maxim Pozdorovkin, 2013) como un modelo a seguir. Creo que representa el canon con el que se debe jugar (es decir, seguir o transgredir).

El documental está lejos de ser infalible, pero apunta en la dirección correcta: presenta un tema complejo, explicándolo adecuadamente para que hasta los no enterados sean capaces de hacerse una idea suficientemente acabada de la problemática. Además, da la oportunidad de que las partes involucradas expresen su visión, entregándole así al espectador las herramientas necesarias para formarse una opinión sobre el asunto, no imponiéndola, aun cuando se nota la posición de los realizadores frente al hecho que retratan.

Para quienes no conozcan la problemática que aborda el documental, el asunto se puede resumir así. En febrero del año pasado un colectivo feminista —Pussy Riot— que se expresa mediante la realización de tocatas punk sorpresa, decidió expresar su descontento con el gobierno de Vladimir Putin y la unión entre la iglesia ortodoxa rusa y el estado interpretando una canción de protesta en el altar de la Catedral de Cristo Salvador de Moscú. La acción, que no fue entendida según lo habían planeado, fue juzgada en tribunales como un acto de vandalismo motivado por odio religioso, sentenciando a 2 de las 3 procesadas —Nadezhda “Nadia” Tolokonnikova y Maria “Masha” Alyokhina— a 2 años de prisión, pena actualmente en curso, y dejando a la tercera —Yekaterina “Katia” Samutsevich— en libertad.

El juicio ha sido seguido ampliamente en occidente por las connotaciones que tiene relacionadas con la libertad de expresión, calificando a Nadia, Masha y Katia como prisioneras de conciencia. Además, también se critica el proceso judicial en sí mismo y la severidad del castigo, desproporcional a la falta.

La problemática, como se puede notar, tiene muchas aristas, lo que hace complejo el hablar de ella sin salir mal parado. No obstante, la forma en que el documental la enfrenta lo hace salir airoso aun tocando temas bien peliagudos. Además, por cómo está presentada la información, el documental es capaz de meterlo a uno en lo retratado, interpelando al espectador y generando discusión, lo que para mí es una cuestión importantísima si se trata de documentales que tocan temáticas sociales, políticas y religiosas.

Sumado a las virtudes anteriores también se encuentra el hecho de que los directores lograron perfilar bastante bien las personalidades de Nadia, Masha y Katia, trazando sus motivaciones y pasado en pantalla para que los espectadores comprendamos cómo fue que llegaron a ser parte de Pussy Riot. Esto también se complementa con muchas secuencias de sus intervenciones durante el juicio, así como entrevistas a sus familiares, lo que hace que podamos formarnos nuestra propia impresión sobre sus ideales y razones para abrazar la protesta.

Ahora, ¿dónde cojea el documental? A mi parecer le falta meterse más en la sociedad, religión y política rusa, darnos una idea más acabada de ella, pues me atrevo a decir que esta es bastante desconocida por quienes no vivimos bajo la influencia directa de los rusos, es decir, por quienes supongo somos los destinatarios del documental.

Así, por ejemplo, quedan varias preguntas en el aire, tales como ¿de qué manera funciona el sistema judicial ruso?, ¿es un ente independiente del gobierno y la política? También, ¿es común que se dicten fallos ejemplificadores, que se utilice la figura del precedente para amarrar casos futuros que sean similares?

En cuanto a la religión ortodoxa y cómo impacta la sociedad rusa, faltó al menos delinear de mejor forma cuánto poder político posee la iglesia allá y cómo influye su visión en la sociedad. Saber estas cosas nos habría ayudado a los espectadores a comprender de mejor forma el juicio a las integrantes de Pussy Riot y sus implicancias sociales. Así, no obstante el documental igual es inmensamente informativo para quienes desconocemos por completo todas estas cosas, siempre se puede mejorar.

Volviendo a las cosas positivas del documental, la discusión que se desprende de él sobre nosotros mismos me parece interesante. Por una parte, ¿cuan hipócritas somos los occidentales al juzgar este hecho a la distancia y definir una posición favorable a las Pussy Riot? ¿Tendría la misma opinión favorable un católico que ve su parroquia envuelta en una manifestación de características similares a la que muestra el documental? ¿Cuál sería la respuesta del sistema judicial local frente a un hecho así? ¿Cómo reaccionaría la sociedad frente al caso y qué pena exigiría?

Si le dan unas cuantas vueltas, como sociedad nosotros nos veríamos tan mal o en una de esas incluso peor que los rusos frente a un caso así. Darnos cuenta de nuestras propias falencias e incongruencias es algo fundamental, la reflexión es vital para mejorar. Y si bien esta no es una idea que deduzca directamente del documental, creo que es algo que un espectador activo debería lograr sacar en limpio.

El juicio retratado en Pussy Riot: A punk prayer es indignante, al igual que la reacción de tintes medievales de los religiosos ortodoxos frente a la acción de Nadia, Masha y Katia. Igualmente lo es la severidad del castigo aplicado, totalmente desmedido. Y atención, que así mismo también tendríamos que indignarnos con lo que ocurre a nuestro alrededor, que las injusticias están a la orden del día, y no solo indignarnos, sino además actuar.

Hay que estar atentos a cómo se sigue desarrollando el caso, pues la historia sigue en curso. Están las huelgas de hambre, los periodos de bloqueo comunicacional con las familias, los supuestos maltratos al interior de las prisiones, el apoyo de grandes figuras de la música internacional a las Pussy Riot e incluso el posible indulto al que podrían acogerse para salir de prisión antes de cumplir la condena. Con todo esto, ¿cómo seguirán psicológicamente Nadia y Masha?

For me, this trial only has the status of a “so-called” trial. And I am not afraid of you. I am not afraid of lies and fiction, of the thinly disguised fraud in the sentence of this so-called court. Because you can only take away my so-called freedom. And that is the exact kind that exists now in Russia. But nobody can take away my inner freedom.

Masha Alyokhina

Pussy Riot: A punk prayer (dirigida por Mike Lerner y Maxim Pozdorovkin, 2013) se puede ver mañana jueves 12, a las 18:00, en el Centro Arte Alameda en el marco del festival In-Edit Nescafé.

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