…dele siguiente no más amigo

¿Alguien le tomó la patente a Meshuggah?


Afiche

Para cambiar un poco el aire luego de haber asistido al concierto de Blur, el martes recién pasado decidí hacer acto de presencia en lo que constituía la primera presentación de Meshuggah, banda sueca de metal técnico y experimental, en nuestro país.

La música de Meshuggah es, aun con el paso de los años, algo que no puedo comparar con nada que haya escuchado, me deja en la vereda conceptual. Pensé que verlos en vivo contribuiría a aclararme las cosas, pero no fue así.

Dicho esto, entonces, podría basar mi comentario en hechos como que la presentación estuvo apabullante, sólida (casi se podría decir “literalmente” un mazazo), que el baterista es un animal de la técnica o que el público fue uno de los más entregados que he visto en mucho tiempo, pero me quedaría muy corto.

Creo que podría decir que en vivo la música de Meshuggah es como un «estado»: es del tal cohesión, complejidad y potencia que induce un modo de apreciación que me recuerda a la sensación de estar en el mar, donde uno percibe la energía, el volumen y la densidad del elemento en el que está inmerso, pero que resulta muy difícil reparar en lo que lo compone.

Tiendo a pensar que, al ser los ritmos tan extraños, uno con suerte puede captar una aproximación al sonido de la banda, no toda su realidad. Qué tan buena sea esa aproximación dependerá de cada uno.

Por otro lado, la música de Meshuggah no es estrictamente cerebral ni aboga solo por maravillarse con qué tan diestros son los tipos que se encuentran sobre el escenario. Esto no es del estilo de Satriani o Malmsteen. Lo que hace Meshuggah, particularmente en vivo, es apelar también a las sensaciones y a lo físico.

De esta forma, si bien una persona común y corriente posiblemente no podrá optar a una aproximación muy elaborada de la realidad musical de Meshuggah, dejando pasar detalles que a otros harán regocijarse, la experiencia de escucharlos en vivo es inclusiva para todos los realmente interesados.

Así, más allá de cada uno de los elementos que integran la música de la banda, uno siempre puede quedarse con el sonido y el estado que induce en la audiencia una presentación como la que ofreció la banda en Santiago.

El show de Meshuggah fue demoledor, sin descanso. No llegué a entender mucho más de lo que ya sabía que esconde su música, eso me sigue siendo negado, pero quizás en un par de años más pueda volver a tener la oportunidad de tomar una clase con ellos junto a esos más de 3000 compañeros de curso.

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