…dele siguiente no más amigo

Chile, país de gente triste


Imagen por LaNación.cl

Anoche mientras veía el partido Chile-Ecuador por las clasificatorias al mundial Brasil 2014 un tren de sensaciones pasaba a toda velocidad por mi cabeza.

Grité con todo los goles de Chile y me angustié un poco cuando vino el gol de Ecuador, todo para dar paso a una tremenda alegría cuando sonó el pitazo final, después de los 3 minutos de alargue que se sumaron al final del segundo tiempo.

Al fin estábamos el mundial, se habían acabado (por ahora) esas numerosas y largas sesiones de meditación frente a la pantalla, observando con emoción, impaciencia y preocupación cómo los puntitos rojos se movían sobre el fondo verde. Chile estaba en el mundial otra vez y por segunda vez consecutiva después de 2 (Corea-Japón 2002, Alemania 2006) mundiales a los que no pudimos ir, al fin lo habíamos logrado de nuevo.

Desde luego, los festejos no se hicieron esperar.

El segundo inmediatamente después del pitazo final pude escuchar un fuerte estruendo de voces y gritos que venían de todos lados, gritos que estaban en el aire, que eran de todos pero a la vez de nadie. Después aparecieron los fuegos artificiales, la bulla, las bocinas, gente cantando por todos lados, gritos, sonidos de abrazos y palmetazos en la espalda, incluso El Rock del Mundial sonando a lo lejos desde el equipo de música de alguno de los vecinos más entusiastas.

Era una fiesta como no veía hace tiempo, y es que tanta alegría no es algo que se vea todos los días por estos lados, porque Chile es un país triste.

No importa lo que digan los noticiarios, lo que comenten las bandas de música que pasan fugazmente por este conchito de tierra o lo que digan los gringos que vienen un verano de intercambio.

Los chilenos somos una población triste y falta de alegrías, cosa que se nota en cada oportunidad que tenemos para festejar.

Probablemente tenga que ver con el estar inserto en una sociedad horriblemente prejuiciosa, machista, donde desde pequeños se nos inculca un espíritu altamente aspiracional que predica que serás exitoso cuando llegues a vivir en Las Condes o en La Dehesa y veranear en el extranjero o en Reñaca, mismo espíritu que te lleva a renegar de tu barrio, de tus amigos y tus padres si es necesario, una sociedad donde a los políticos poco y nada les importa la gente para la cual gobiernan, un país donde el ciudadano de a pie es extremadamente vulnerable a las injusticias que pueden generarse en cualquiera de nuestros sistemas (judicial, médico, laboral, etc.), lo que hace que todos vivamos en un constante miedo de no tener que pasar por nada fuera de lo normal porque de seguro que nada bueno saldrá de ahí, un lugar donde la salud no está ni por lejos asegurada y enfermarse es sinónimo de tener los días contados, si no es en términos físicos lo es en términos económicos, un país donde ser viejo es una desgracia, ser pobre es un estigma y tener la piel oscura, rasgos indígenas o el pelo tieso es una carga, y lo más lamentable de todo, un país donde ni siquiera tus vecinos están dispuestos a ayudarte, donde de chico se nos enseña que ayudar al prójimo es una actitud de buena crianza, pero no una necesidad, donde se nos ensaña que la necesidad es salvarse uno y que no es tu culpa si tienes que cagarte a alguien en eso.

Qué tristes que somos.

Y claro que todo eso influye en nuestro carácter. Salimos todos los días en la mañana para recorrer distancias eternas porque la centralización es la ley en esta cajita de arena, viajamos en un transporte malo, apretados como animales al matadero porque las políticas de gobierno rezan que hay que esforzarse para comprarse un auto en vez de tener ciudades mejor planeadas, odiamos durante todo el camino el tener que ir a hacer un trabajo que no nos gusta y que hacemos mal, porque crecimos con el paradigma de que da lo mismo todo lo que hagas, solo siendo un genio te puede tocar algo mejor, y es que existe ese concepto extraño que es la movilidad social para consolarnos, decirnos que existe algo mejor y de paso borrar esas subversivas ideas de igualdad, pero da lo mismo porque bien sabes que eso es sólo para los afortunados, no para ti.

Y toda esa frustración de injusticias diarias nos va matando día a día, así que cuando llega el momento de festejar somos desenfrenados. Festejamos a muerte en cada fiesta, nos emborrachamos los fines de semana, comemos, tomamos y bailamos de forma escandalosa en Septiembre, nos descontrolamos ante los triunfos deportivos, por chicos que sean, y celebramos los cumpleaños y años nuevos como si no existiera un mañana…porque no lo hay y esa es la verdad que nos corroe. Por eso preferimos curarnos y odiar antes que ir a votar y a protestar por cambios, ver tele antes que leer un libro, comer, bailar y curarse antes que interesarse en algo y participar.

Esa es mi vida, esa es tú vida y eso es Chile, un país falto de alegrías, un país de gente triste.

Festejos

Imagen por LaNacion.cl

Una respuesta

  1. Eduardo

    Bien Johnny Umbrelas. Muy asertivo su comentario. También sufrí frente al televisor, bueno frente al LCD. El Fútbol y la Religión son el opio delos pueblos, decía el sabio abuelo Manuel. Así es, son los pocos momentos de alegria y como buen chileno sufriendo hasta el final… las derrotas son más dolorosas que un ataque de colico renal… saludos..

    octubre 19, 2013 en 2:04 am

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