…dele siguiente no más amigo

La Muerte del Disco y Otras Sorpresas


Las ventajas que entrega Internet para escuchar y descubrir nuevas bandas o estilos de música son evidentes (sean nuevos o antiguos). Y más aún para aquellos mayores de 25 años, quienes experimentamos lo que era descargar una canción por el viejo Napster como toda una odisea en la época de la conexión telefónica. Había que prepararse con un café o leer un libro/revista para hacer tiempo, y si la canción llegara a ser de un tamaño superior a los 5MB, a juntar miedo, porque si llamaban por teléfono cuando aún no se bajaba el MP3, se cortaba el enlace y perdiste no más. A empezar de nuevo.

Una de las consecuencias que este océano de posibilidades ofrece, es que la música pasó a ser un bien reciclable. Es decir, si tú quieres, puedes descargar un disco/una canción o escucharlo/a por un servicio streaming (YouTube, Grooveshark, etc.), y si te gustó a la primera, bien, podrás mantenerlo en tu reproductor de MP3 preferido. De otro modo, se borra y listo, se recicla el espacio en el disco duro.

Asimismo, la forma en que se mezclan los discos cambió. Ahora los ingenieros de sonido y productores musicales (especialmente los de bandas Pop), tienen claro que si la canción no se escucha bien comprimida a 192kbps (siendo generoso), el auditor la va a desechar sin dudarlo.

Pero el tema que motiva escribir estas líneas es que, con la caída en el precio de la música (incluso hasta volverse gratis), el común de las personas no se dedicará a escuchar un disco unas cuantas veces hasta descubrir su magia. Ni pensar en detenerse a procesar una CD doble como Stadium Arcadium (Red Hot Chili Peppers). Incluso un disco relativamente largo como The Suburbs (Arcade Fire), se vuelve un desafío para el oyente de MP3 promedio. Y así, discos o incluso bandas emergentes quedan en el olvido sin siquiera haber empezado a crecer como artistas, más allá del EP con canciones en formato demo.

Eso da pie para los hits de YouTube. La banda que hace un video notable (OK Go, Foster The People, entre otros), con una canción entretenida, puede lograr que ésta suene en todos lados hasta volverse mala; vender los derechos para que aparezca en anuncios de multi-tienda o marcas de ropa, y después morder el polvo buscando reproducir ese nivel de éxito.

La reflexión que quiero hacer es que cuando uno gastaba (bastante) dinero en comprarse un CD original, cuyo precio posiblemente estaba inflado en un 15-20%; no era una decisión tomada a la ligera, especialmente siendo un estudiante de recursos monetarios limitados. Entonces, más te vale que si gastaste 10 lucas en un CD, que te guste. Y si no lo encontraste bueno a la primera, habrá que darle 2, 3 y hasta 10 pasadas para sentir que invertiste correctamente tu plata en vez de haberla botado estúpidamente sin siquiera tener una resaca o una buena historia que lo justifique.

Lo curioso es que a veces ese proceso de repetidas escuchadas a un CD, terminaba por convencerte que la banda o solista en cuestión era de verdad buena, y hasta te convertías en fanático sin habértelo propuesto. Te compras la polera, vas al concierto, y le recomiendas la banda a tus amigos. Ahora esa misma recomendación es un post en Facebook con un link a YouTube que dura lo mismo que un chiste con gatos de 5 minutos. Y se olvida igual de rápido.

Lo decepcionante de esto es que generalmente al descubrir una nueva banda, es sólo cuando le dedicaste un poco de tiempo (o sea escuchar un par de veces 1 o 2 discos, según la recomendación de AllMusic.com), que finalmente encuentras esa canción que no se te olvida durante toda la semana, y que meses después la vuelves a escuchar con una sonrisa, en vez de cambiar la radio apenas aparece.

Es decir, en ese descargar/escuchar/borrar frenético que nos vemos envueltos, terminamos por perder ese gusto de explorar la discografía de una banda (hoy más fácil que nunca con los servicios por streaming), y degustar con calma una canción para ver si te genera alguna emoción en especial. Entonces la recomendación es que cuando escuches/descargues un disco, podrías darle al menos un par de oportunidades antes de decir: “¿Dónde cresta guardé los MP3 del Songs for the Deaf?”

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