…dele siguiente no más amigo

Viajando por ahí: Venezuela!


Este es mi primer post acá! Soy Haroun Al Raschid, y espero publicar de todo lo que se me ocurra, sin garantizar ninguna frecuencia en especial. Este post, bastante largo, se trata de un viaje que hice el año pasado a las tierras del difunto Comandante Chávez.

La idea de viajar a Venezuela la tenia desde hace un par de años, desde que algún dia se me ocurrió conocer el Salto Ángel, la cascada más alta del mundo. La razón que me motivó a este destino en particular se ha ido perdiendo en la nebulosa de mi memoria, pero alguna vez me pareció lo suficientemente desafiante para intentarlo, y así fue que lo empecé a planear.

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Lo cierto es que ir a Venezuela en verdad requirió investigar y averiguar más de lo que podría esperarse. La gente que va a turistear hacia este país es considerablemente menos que la que va a otros destinos dentro de Sudamérica. ¿La razón? Una inestabilidad política y social arraigada desde hace años, y que no mejoró en aspectos escenciales durante el gobierno de Hugo Chávez. El país es famoso por lo inseguro (Caracas y Ciudad Guayana (Ciudad Guayana es el conjunto de Ciudad Bolívar y Puerto Ordaz, pero todo el mundo se refiere únicamente a estas ciudades por separado) tiene lugares de avanzada en el listado de ciudades con mayor cantidad de asesinatos en el mundo) y por una falta de desarrollo en ciertas industrias muy desalentador, lo que incluye a la turística. Esto es una lástima, porque desde el punto de vista de atracciones naturales, el país es impresionante, con un potencial tremendo.

Bueno, lo primero que hice al fijar la idea de ir, fue averiguar la mejor época para ir al Salto. Dado que el régimen de la cascada depende directamente del agua precipitada, había que ir temporada de lluvias, a menos que uno quisiera encontrarse con una caída de agua comparable al abrir la llave del baño. Esto significó entonces, ir entre mayo y septiembre. Finalmente, elegí comprar pasajes la segunda quincena de septiembre de 2012, por un total de 10 días de estadía. Así tenía tiempo suficiente para ir al Salto y conocer algún otro atractivo.

Una vez con los pasajes en mano, empecé a ver online temas de alojamiento y tours. Ahí me empecé a dar cuenta de que en Venezuela hay una falta de integración con herramientas turísticas que uno no espera encontrar en otros lados. Por ejemplo, en el país prácticamente no hay hostales, si no que la opción “económica” son las posadas, que vienen a ser similares a hoteles de pocas estrellas. El problema que la reserva online a través de páginas como Booking o Hostelworld prácticamente no existe, mostrando casi en su totalidad opciones imposibles de abordar para un viaje express. Yo no iba a pagar 100.00 pesos por una noche (más de 200 dólares), aunque luego descubrí que estos precios se debían al asunto cambiario que existe allá (comento más adelante).  Lo más tradicional para reservar un lugar era llamar por teléfono o enviar directamente mails, además de adelantar el pago de la reserva por transferencia. Para reservar tours era igual de tedioso o peor, así que decidí reservar un par de noches en caracas y arreglármelas allá con el resto de los detalles.

Entonces, reservé prácticamente en el único hostal disponible en hostelworld, llamado Dal Bo Hostel. Me pareció raro que se calificación fuera de 98% con comentarios increíblemente positivos, pero que más da, debería haberme tranquilizado. Un amigo venezolano me comentó que la ubicación era en el centro político de Caracas, marcadamente chavista, y que por ningún motivo saliera de noche. De todas maneras no lo pensaba hacer.

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Mientras pasaba el tiempo, decidí que el otro lugar a visitar allá sería el archipiélago Los Roques. Pensé en ir a Isla Margarita, pero los comentarios que recibí (suciedad, mucha gente y un desarrollo común y corriente) me hicieron optar por la tranquilidad y ruralidad de Los Roques.

El último preparativo antes de ir fue el tema del dinero. Resulta que el gobierno tiene un control casi fanático deCambio en el mercado negro su divisa, implicando entre otras cosas que es imposible encontrar bolívares fuera de Venezuela. Debía llevar dólares para cambiar, o como la gente suele hacer cada vez más seguido, llegar y sacar plata de algún cajero automático. Aca empieza el problema, porque la conversión dólar-bolívar está fijada por el gobierno en un precio inferior al real, lo que genera un mercado negro para las transacciones. Es tan común y expandido esto en ese país que ya prácticamente es algo normal. A modo de ejemplo, en la época del viaje la conversión oficial era de 4,5 bolívares el dólar, mientras que en el mercado negro llegaba hasta 12! Esto obviamente genera una distorsión de precios, pudiendo convertir el viaje en una aventura carísima si uno no investigaba o preguntaba. De hecho, los precios de hostelworld se encuentran con la conversión oficial, así que se tiene la explicación de porqué eran tan altos. Recientemente el cambió oficial se devaluó hasta los 6 bolívares por dólar, pero no creo que haya arreglado mucho las cosas, la economía allá es un tema sensible y muy descolocado. Decidí entonces llevar únicamente dólares comprados acá.

Llegó el día del viaje, y parte mi vuelo. Llegué un poco tarde al aeropuerto, y me dicen que el vuelo “está cerrado”. Les digo que hice el check-in online así que no me hicieron problema, me pasaron un papel especial, y pasé el equipaje. Vuelo tranquilo hasta Lima, donde había que hacer escala. Al momento de tomar el avión hacia caracas me doy cuenta que se me perdió el Boarding Pass, que tuve en la mano 5 minutos antes! Pero, en un arranque de viveza, le digo a la señorita de Lan Perú que estaba en la puerta que tengo el boarding pass en el celular. Le muestro el celular, lo escanea, y funcionó! Un poco de risas y me deja pasar (se que en algunas partes esto efectivamente se puede hacer, pero con máquinas preparadas, acá fue una tincada). Voy llegando a Caracas, y por el parlante del avión avisan que el reloj debe retrasarse en media hora. ¿Qué?. Sí, Venezuela es uno de los pocos lugares del mundo que está a la mitad de dos husos horarios, debido a ciertas investigaciones que alguna vez hizó su gobierno que arrojaron como resultado que esto mejoraba en algo la calidad de vida de sus habitantes. Bueno, es una curiosidad en verdad, nada realmente importante. Llego al aeropuerto, hago inmigración con pasaporte (hasta hace poco esta era la única identificación aceptada, hasta que Venezuela entró a la Unasur. Ahora desde Chile podemos ir a cualquier país de Sudamérica solo con nuestra cédula de identidad), espero un eternidad por mi mochila debido a que hubo una descoordinación y mal funcionamiento de una cinta, y finalmente entró al país.

Tal como había leído en foros de internet, apenas crucé la puerta, se me acercaron rápidamente taxistas y otra gente para intentar venderme bolívares. Yo sabía que debía tener cuidado y tomar únicamente los taxis oficiales del aeropuerto (unos Ford explorer negros), ya que si no estaba corriendo un riesgo real y reportado en varias ocasiones de ser secuestrado! Ignoro a toda la gente, y busco calma en el segundo piso del aFord_Explorer_Gen2_1995-2001_special_BLACK_EDITION_frontleft_2008-04-03_Ueropuerto, mientras ordeno mis cosas y me oriento. Decido entonces bajar a negociar, y empecé a conversar con alguien que se decía taxistas y que me iba a vender bolívares. Me dice que lo siga y me dice que vende a 6 por dólar. Supe que no eran tan bueno, pero pensé en ese momento que quizás los precios que había leído en internet no eran tan así, por lo que acepto transar con él pero una cifra baja, esperando buscar precios mejores en Caracas, además de que en verdad quería salir rápido de ahí. Lo sigo a su taxi, pero me doy cuenta de que no es un taxi oficial, si no que lo tiene en alguna parte del estacionamiento del aeropuerto! Le digo entonces amablemente que prefiero usar el servicio oficial, y que le cambiaré únicamente 100 dólares. No me hace problema, así que nos devolvemos hacia donde estaban los Ford Explorer, y tomo uno de los disponibles. Ahora iba rumbo a Caracas.

A esa altura ya tenía un dolor de cabeza bien molesto, y más encima me fui todo el camino aguantando un aire acondicionado a un nivel realmente ridículo. En verdad la temperatura es bastante alta allá, pero una cosa es atenuarla y otra cosa es intentar que la gente se congele! Esto me también pasó en otros vehículos que me subí. Al llegar a Caracas, resulta que el taxista no conocía el Hostal, ni tampoco conocía la calle donde estaba! Tenía únicamente de referencia la estación de metro más cercana (Capitolio). Al llegar al centro, cerca del hostal, empezamos a dar vueltas mientras él llamaba por teléfono a compañeros preguntando si ubicaban mi alojamiento. En un principio me preocupé y pensé que en el peor de los casos podía pedir que me llevara al hotel Altamira, el más barato de los que vi y ubicado en una zona supuestamente más segura, pero pronto me empecé a molestar porque además de no llegar nunca, el taxista no fue capaz nunca de decir correctamente “Hostal Dal Bo” cuando preguntaba por teléfono o hablaba conmigo (me cansé de corregirle que no era “del bo” ni “dal boc”). Sentí que me estaba tomando el pelo, así que crucé los dedos para que funcionara el roaming del celular y así cargar el mapa y la ubicación. Funcionó una sola vez pero fue suficiente para dar las instrucciones, parar en una parte, bajarme a preguntar y llegar finalmente el hostal, no sin antes que el chofer me cobrara un poco más del precio acordado por haber estado dando vueltas casi por media hora extra… en fin. Cabe mencionar que mientras daba vueltas en el taxi, ya que el auto tenía vidrios oscuros (característica que descubrí tienen el 99% de los autos allá) y además era de noche, mi primera impresión de la ciudad fue bastante tétrica, con mucha suciedad y poca gente andando ya a esa hora. En verdad daba miedo y me hacia arrepentirme de haber llegado. Sin embargo, cuando me baje del taxi, llegue al hostal y al dia siguiente salí a recorrer de día, el panorama fue mucho más tranquilizador.

Una vez en el hostal, descubrí efectivamente el porqué de las buenas calificaciones. Ubicado en el segundo piso de un edificio, Gustavo, dueño del lugar, transformó se departamento en uno de los pocos hostales no solo de Caracas, si no que de todo el país. Es un concepto revolucionario en un país donde curiosamente esa palabra es manoseada a cada rato. El resultado es un lugar que es realmente muy bonito y limpio, y además la atención es bastante envidiable. Cerveza gratis a cualquier momento (gracias a las cuales se me pasó el dolor de cabeza con el que llegué), wi fi, desayuno abundante, una perra de raza tierna y con buenos modales, y una colección enorme de películas en blu-ray (piratas, obviamente) hacen de la estadía bastante agradable. Además, Gustavo, argentino con muchos años de residencia en Venezuela, hincha de Independiente y ferviente chavista, tiene muchas historias interesantes que contar de él y del país. Gustavo me explicó cosas básicas para continuar mi aventura, y me dio contactos para ir al salto Ángel y los Roques. Además, cambié dólares con él (a 7, un poco mejor pero no tan bueno de todas formas). Sin embargo, también hubo un punto malo que puedo mencionar de la primera noche. Cuando llegué, había otro chileno alojando, y conversamos largamente con Gustavo. El vive con su esposa venezolana ahí mismo, y mientras ellá estaba en la pieza de al lado, el nos contaba de todas sus aventuras con mujeres allá! (y de paso explicarnos su teoría de que los vidrios están polarizados en los autos para que nadie vea quien anda con quien). Bien, cada uno en verdad puede hacer lo que se le plazca, pero me pareció una falta de respeto abusiva comentar todo esto con su señora pudiendo escuchar todo lo que decía. Cara de palo y cara de raja, en buen chileno.

220358_459801214064048_224134465_oAcá yo quedando inmortalizado en el Hostal, decorado con un oso polar gigante de fondo.

De aquí en más estuve dos días completos en Caracas. Al día siguiente salí a recorrer, e intenté comprar pasajes para ese mismo día inclusive hacia Ciudad Bolívar, primera parada en la ida al salto Ángel. Pude conseguir para el día siguiente únicamente a través de Aeroexpreso Ejecutivo.  Salvo esa salida, el resto del tiempo efectivamente no hice mucho en Caracas, porque en verdad considerando que no estaba en una zona segura, no quería correr riesgos inecesarios. Además, faltaba dos semanas para la elección presidencial, y los ánimos estaba más exaltados que lo normal (que de por sí es mucho mayor que en Chile, por ejemplo).

La ciudad en sí además es bastante desordenada y en tráfico es similar a otras ciudades de Sudamérica, es decir, con muchos atochamientos y una violación permanente de todas las leyes posibles. Existen también taxi-motos, que fueron de lo menos amistosas posibles. Para transportarme, elegí usar el metro que resultó contar con vagones mucho más modernos de lo que esperaba. Me llamó la atención de que la gente para entrar hace fila, pero no se respeta la regla de dejar bajar antes de subir. Extraño.

Conocí la casa donde nació Simón Bolívar junto con otros museos que se encuentran en el mismo lugar, fui al panteón donde está enterrado Bolívar (lo encontré cerrado), y ese fue todo mi recorrido turístico en Caracas! De todas formas, no hay mucho más que ver desde ese punto. El no desarrollo de la industria no va exclusivamente desde el punto de vista de la gestión, si no que hay una oferta escasa de actividades. Había un teleférico sí, pero no me llamó la atención el ir.

casa-natal-simon-bolivarLa casa del Libertador.

Llegó el momento de partir a Ciudad Bolívar. El objetivo era llegar a la laguna de Canaima, para lo cual había que llegar en avioneta. Tenía la duda de si ir a esa ciudad o a Puerto Ordaz y así intentar visitar la presa Guri, pero Gustavo me explicó que al final todas las avionetas salían desde Ciudad Bolívar, independiente de donde uno contratara los tours hacia el Salto. Me dio un contacto de operador turístico, Rubén, con el que me iba a encontrar apenas llegara a Bolivar, que me iba a esperar en la estación al dia siguiente, mientras viajaba de noche.

Tuve un problema al partir el viaje, que fue que me vendieron mal el pasaje. Yo había pedido con destino a Ciudad Bolívar, pero me vendieron uno a Puerto Ordaz diciéndome que hacia parada en Bolívar. Al entregar la mochila (tienen sistema de entrega previa de equipaje) me di cuenta que esto no era así, y que el que paraba en Bolívar salió dos horas antes! Me apuré en cambiar el pasaje, y afortunadamente quedaban cupos en el bus correcto, así que partí. El viaje fue tranquilo hasta que, más o menos a una hora de llegar, el chofer para el bus, dice que tuvo un problema mecánico y que no puede seguir! Estábamos en medio de la nada. Alguien sugirió caminar, pero la gente se resisitó a la idea diciendo que faltaba mucho aun, además de que cerca de ahí “habían tigres” (¿?). Supe después que también se reportaban ocasionalmente grupos armados que bajan en camionetas y secuestran a la gente. Tomamos la decisión más acertada, la cual fue esperar el siguiente bus. Pasó uno al rato, así que nos fuimos dos tripulaciones completas dentro de un solo bus… la seguridad pasa a segundo plano cuando la gente tiene prisa y no quiere seguir donde hay tigres! Efectivamente faltaba como media hora de bus para llegar a destino y lugar de cruzar el río Orinoco, llegamos finalmente a Ciudad Bolívar.

Me bajé del bus, y debo decir que en mi vida había sentido tanto calor. Me contactó Rubén recuperé mi equipaje, y nos vamos a su oficina, que no era más que un cuarto escondido por ahí en el terminal de buses. Poco alentador el escenario, pero a pesar de todo me pareció más o menos serio. Me explica el precio del tour al Salto Ángel, y quedo de contactarme con él a la vuelta para ir a Los Roques. En su oficina pude ver otros tour muy interesantes que se ofrecen por ahí, destacando principalmente un viaje de 6 días al monte Roraima.  Me acompaña al aeródromo de la ciudad, y luego de un rato y sin mucha formalidad, me voy en una avioneta hacia Canaima, donde además de mi persona, el resto de la gente eran familiares del piloto. Nunca había viajado en avioneta, y si bien al principio me mareé un poco con el movimiento, luego me quedé dormido, dada la duración (unas 3 horas) y monotonía del viaje. Desde arriba se ve todo verde, y al poco rato se puede apreciar el inmenso lago formado por la represa Guri sobre el río Caroní. Luego de otro rato, se empiezan a ver en el paisaje los primeros tepuys, que son formaciones rocosas que terminan abruptamente en una meseta, como si hubieran cortado un montaña con un cuchillo.

Llego a Canaima, me encuentro con mi guía (de nuevo, todo sin mucha formalidad) y llego al “alojamiento”. Esto es, un lugar con techo, sin paredes, y con una hamaca para dormir. Lujoso. Sin tiempo para quejarme, recorro este particular pueblo y luego hacemos el primer tour, consistente en recorrer la laguna Canaima y sus cascadas, además de otros cuerpos de agua menores del sector. Hay que decir, el lugar es hermoso, pudiéndose encontrar playas con arenas rosadas, lo cual es bastante particular.

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Laguna de Canaima. Arenas rosadas, cascadas y de fondo tepuys.

Acá sufrí los dos primeros infortunios del viaje. Si bien iba protegiendo con bolsas plásticas mis pertenencias al recorrer por detrás las cascadas, no preví que en cualquier momento se pudiera poner a llover más que la csm brígidamente. El resultado es que se me mojó todo, muriendo mi celular (iphone 4) a causa de esto. Se podrán imaginar mi sensación, siendo además de que en estos tiempos, al viajar uno depende cada vez más de la tecnología! Por otro lado, a mis lentes se le desprendió un cristal, vaya uno a saber cómo, volviéndolos completamente inútiles y dejándome terrible piti reduciéndo mi visión y comodidad a 2/3 de sus capacidad. Maldición!. La lluvia continuó luego toda la noche, así que hubo tiempo para conversar con la gente que había ahí, de los más mezclado. Gente de Perú, Argentina, Colombia, Brasil y otros países más raros, amenizaron la velada.

Al día siguiente fue el viaje hacia el salto. Una pequeña caminata y una visita express a una central hidroeléctrica, para luego empezar 4 horas de travesía en un bote remontando el río Churún. Entre medio tuvimos que bajarnos y caminar una media hora, mientras el chofer del bote remontaba usando toda su habilidad la zona más peligrosa de rápidos y piedras. Si bien el paisaje va mejorando y haciéndose imponente a medida que nos adentramos en la selva, con los tepuys definiendo dramáticamente la vista, el estar 4 horas sentado sobre una tabla sin opción de moverte mucha termina dándole a cualquiera ganas de estar de vuelta en casa, lol. (en épocas más secas, esas 4 horas pueden aumentar… y mucho!).

Sin título2Una vista mientras viajábamos por el río.

Finalmente llegamos al campamento, que era aún más precario del alojamiento en Canaima… pero bueno, así es la vida del aventurero, con una hamaca basta!. Desde acá ya se veía el salto a lo lejos, y tomamos la decisión de ir de inmediato a verlo, en lugar de despertar temprano al día siguiente para caminar. Caminamos entonces durante 1 hora a través de un “sendero” internándonos en la selva, hasta que llegamos. 980 metros de caída desde el tepuy Auyantepui, que lo hacen a uno reflexionar, pensar, y todas esas cosas que te dicen deberías sentir en los programas turísticos. Yo al menos, además de maravillarme, me sentí como “misión cumplida”. Después de mirar y sacar fotos, tuve el tercer infortunio del viaje, que sí realmente me dolió. Quizás por la humedad o quien sabe, la cámara que usaba arruinó la tarjeta de memoria, perdiendo todas las fotos que tenía hasta el momento!! Más encima ocurrió cuando nos íbamos yendo con poca luz, así que yo anduve casi desesperado pidiendo que me sacar una foto para inmortalizar mi visita al lugar… uff, sin celular y sin cámara (además de haberme sacado la cresta un par de veces en el camino) realmente me hicieron maldecir hasta lo más recóndito de la selva!. En fin, acá me hice amigo de un árabe australiano que me sacó fotos y luego las compartió con mail (yo por mi parte, reventé la limitada memoria interna de la cámara, ja. Lo anterior es la razón de porqué hasta este punto del viaje no hay fotos mias ni tomadas por mi , chan!).

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332551_3777773328861_1888017083_oEl Salto, y yo, por fin inmortalizado

Partimos el camino de vuelta, relatando todo lo que les comenté pero ahora en sentido inverso, con el detalle de que ahora navegaríamos a favor del flujo del río, por lo que en lugar de 4 horas, serían 3 horas horas de viaje. Durante la noche que alojamos en el campamente compartí con suizos, alemanes, españoles y el árabe-australianos que ya les mencioné. De noche, con lluvia y en total oscuridad, pude ver luciérnagas en los árboles, surreal experiencia.

De vuelta en Canaima, me quedó conversando con un amigo peruano que hice, hasta que llega la hora del viaje de vuelta. Nunca me quedó claro como, porqué ni cuándo se asignó mi avioneta, pero la cosa es que eventualmente me subí a una, pudiendo volver a Ciudad Bolívar. Acá me contacte con Rubén, y reservé con él los pasajes a Los Roques (y cambiarle bolívares a 8, vamos mejorando!). Acá debo comentar la clave de todo el sistema turístico de Venezuela. Resulta que toda, incluyendo principalmente pasajes y alojamientos, tienen mil y un intermediaros entre uno y el ente que efectivamente ofrece el servicio. Es bastante extraño, y está lejos de ser como las agencias de acá. Claro, uno puede hacer todo por su cuenta, pero como ya comenté mucho más arriba, es complicado aquí hacer reservas y pagos si no eres venezolano en Venezuela. Por esto, tengan harta paciencia si van, y estén preparados para cualquier sorpresa desagradable.

Volviéndo al punto, con los pasajes reservados a Los Roques (me la jugué y decidí ver el alojamiento por mi cuenta, luego de lo que se me fue asignado en Canaima), compro mi pasaje de vuelta a Caracas para la noche. Fui poco precavido y me morí de frío por el aire acondicionado del bus, pero volví sano y salvo. De vuelta en la ciudad y a la comodidad del alojamiento donde Gustavo.

Me quedé una noche reposando en Caracas, aprovecho de descansar, lavar la ropa y ver algunas películas. Además, no menor, compré una nueva tarjeta de memoria para la cámara! Cosa curiosa es que para vendérmela me pidieron mi identificación, e incluso anotaron mi DNI! Como comentario aparte, en el centro comercial donde compré, había un montón de tiendas relacionadas con blackberry… de hecho, ahí me di cuenta que al parecer Venezuela es el país que más pentración tiene, y se nota mucho!. En fin, al día siguiente me voy al aeropuerto para tomar mi vuelo hacia Los Roques. Mi comprobante de reserva era un papel no muy formal, pero había que confiar no más. Salvo el que cuando llegué el mesón de mi aerolínea estaba cerrado, no tuve mayor problema. Por ahí se me acerco un tipo a cambiarme bolívares, a una tasa de 9, por lo que cedí a la tentación.

Sobre el vuelo a Los Roques no hay mucho que decir, salvo que la nave estaba a medio camino entre una avioneta y cualquier avión menor de alguna aerolínea convencional (con turbinas a hélices, je). Desde el cielo se puede ver el particular color turquesa del mar en este sector, mientras que lentamente se empiezan a ver todos los islotes del archipiélago. Para resumir, la isla principal se llama Gran Roque, y es el punto de partida a cualquier otro lugar. Las isla pequeñas se llaman Cayos, y una buena cantidad está nombrada a partir de la deformación de su nombre original en inglés. Por ejemplo, yo visité Madrisquí y Francisquí, que vienen del inglés Mother’s Cay y Francis Cay, respectivamente.

Llegó al aeródromo de Gran Roque, y de inmediato se me acerca gente a ofrecerme alojamiento. Había espacio suficiente en la isla (en temporada alta, hay que reservar con meses los vuelos y alojamientos), y me quedo en un alojamiento bastante decente, cuyo nombre ahora lamentablemente no recuerdo. La isla en sí es bastante paradisíaca caribeña. No hay autos, las calles si se pueden llamar así son de arena, y en verdad lo único que se puede hacer es estar tirado en la playa, o tomar tours a otros cayos para estar tirado en la playa ahí. Nada mal, je.

Así estuve 3 días en este archipiélago, literalmente haciendo nada, lo que constituyó un buen descanso. Las aguas de los islotes son calidas, hay estrellas de mar por todos lados (guarda Patricio Estrella!), puedes tener instantes de gran diversión alimentando lagartijas en alguna playa, y en uno de los tours te llevan a conocer una reserva de tortugas marinas. Incluso puedes apadrinar y seguir a la distancia su crecimiento y posterior liberación al mar.

DSCN1170En Cayo de Agua, absolutamente despreocupado

Quizás lo único malo de la estadía es que la comida de la posada era horrible, y, cómo en todo el resto del país, la organización de todo es terrible. Originalmente me había inscrito en un tour con un tipo que atendía en un kiosko, pero luego fui cambiado vivamente a un operador con un poco más de habla. No tuve problemas eso sí, e incluso me cambió dólares a tasa de 9, pero incomoda que sea todo tan despelotado. Como muestra, en el vuelo de vuelta, llegué, dije mi nombre y subí, sin mostrar ningún comprobante ni identificación… bueno, será no más.

Así es como volví a Caracas, a alojarme una vez más donde Gustavo. El último día aproveché de aprovisionarme de ron venezolano en buena cantidad, seguir viendo películas, y ya asumir que este viaje había llegado a su fin. Pasó el día, y me voy al aeropuerto, esta vez a diferencia de las anteriores, lo hago en bus, y aprovecho de ver otras partes de la ciudad (poco alentadores, de todas formas). Para no terminar tan tranquilo el viaje, al llegar al aeropuerto me equivoqué de terminal, así que tuve que caminar en una zona poco recomendable si estuviera oscuro, pero  a dicha hora en que estaba únicamente me hizo reflexionar de eso, nada más. Dentro del aeropuerto compro aún más ron, y luego  de un retraso de una hora aproximadamente, sale mi vuelo a Lima. Acá lo único que hago es comprar pisco peruano, totalizando finalmente 9 botellas de copete para entrar a Chile! Después de 4 agotadoras horas en el último avión, llego a Santiago a las 7 de la mañana aproximadamente, listo para ir inmediatamente de vuelta al trabajo, a la dura y fomeque realidad.

Conclusiones finales: Venezuela es un país hermoso, con un potencial turístico muy grande, pero desaprovechado a más no poder, casi con ganas se puede decir. Caracas es una ciudad poco amigable y bastante peligrosa, y el país en general no está orientado al visitante. Ojalá en algún momento su situación política y social de paso a una visita más cómoda, y quien sabe, hasta den ganas de animar emprendimiento propios allá, pues hay bastante en que aportar mirando las cosas buenas de Chile o de otros lados. Por ahora, si van, esperen una aventura similar a la que acaban de leer.

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Una respuesta

  1. Marcelo

    estimado, me gusto tu historia y creo que es muy buena información…yo viajo a isla margarita ahora, justo en medio del caos venezolano….a la vuelta comentaré como estuvo todo….hace faltan post de datos y detalles como los tuyos…slds

    febrero 13, 2014 en 9:55 am

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