…dele siguiente no más amigo

En vivo · González y los Asistentes + Raúl Zurita — Puma Lab (19/12/2012)


Raúl Zurita

Foto por PUMA LAB

Hace unos cuantos días, en el GAM, mirando los lienzos que promocionan las actividades que se desarrollan en el lugar noté incrédulo uno que anunciaba un show de González y los Asistentes junto a Raúl Zurita.

¿Qué? ¿González y los Asistentes? ¿Siguen tocando? ¿No que ya habían cagado? ¿No? ¿La dura? Waaaa…

Con sorpresa anoté la fecha en mi teléfono idiota, 19 de diciembre, y procuré no olvidarla. ¿Cómo sería ver por primera vez en vivo a una banda que me sorprendió tanto cuando estaba en el colegio, ahora ya más de 10 años después?

No conocía de vista a ninguno de los músicos de González y los Asistentes, tampoco a Zurita. Podrían estar ahí mismo dando vueltas por el GAM mientras quienes esperábamos el show nos cagábamos de frío fuera de la tienda y no hubiese tenido idea.

Leo Quinteros probaba sonido dentro del local, cosa que me llamó la atención porque no creí que fuese a tocar con la banda, pero al final así fue. Y una vez dentro de la tienda, vi una cara conocida entre el público, pero no la reconocí hasta que se subió al escenario. Era Edita Rojas, a quien ubico por ser la baterista de Electrodomésticos.

Y a Zurita, aun sin conocerlo de vista, lo reconocí al tiro apenas ingresó al local. No sabía que era él, pero en el fondo sí. Su lenguaje corporal es extraño, desconozco el motivo, pero se nota a kilómetros que tiene un «aura» extraña, que no es una persona común.

Mi relación con la poesía es prácticamente nula. No la entiendo ni la disfruto, salvo aquella que es más cercana al hablar de la calle, que es con la única que logro algún tipo de identificación. Y quizás por eso recibí con tanto agrado la propuesta de González y los Asistentes cuando chico: esa amalgama poético callejera y musical me sentó demasiado bien entre la poesía que estudiábamos en el colegio.

Minutos antes de comenzar el show, el guardia engrupido del local, un tipo medio viejo y amable, se me acercó y me dijo: “este día es perfecto para la poesía”. Afuera estaba oscuro y se rajaba lloviendo, cosa que probablemente todo el país supo porque los noticiarios seguro lo trataron en extenso. El día era más ideal para un resfriado, pero bueno, igual le sonreí.

Los músicos tomaban posiciones sobre el escenario y un tipo canoso, alto y flaco se pone al frente. ¿Será él Gonzalo Henríquez? Abrió la boca y su timbre de voz inconfundible lo confirmó. La sensación fue como cuando uno le ve la cara por primera vez a un locutor de radio a quien sigue habitualmente, ese choque entre “realidad” y ficción. O de forma similar, pero así como al revés, cuando uno escucha por vez primera su voz en una grabación, una disociación extraña entre lo que hay en nuestra cabeza y la “realidad”.

Y partieron. Zurita no subió de inmediato al escenario, creo recordar, sino que la banda comenzó su show sin la compañía del invitado especial.

Era extraño escuchar la música. No reconocía los temas, pero me parecían familiares. Como si ya la hubiera escuchado, no lo sé. ¿Esa sería una canción nueva? ¿Vieja? ¿Y esta canción? No lo sabía ni me importaba. Disfrutaba como si estuviesen interpretando puros clásicos.

Al rato subió Zurita, no sin dificultad, al escenario y junto a la banda mostraron “Desiertos de amor”, disco en conjunto, uno del que no tenía noticia alguna. Aparentemente es del año pasado y, a pesar que Gonzalo dijo que estaba a la venta en La tienda nacional, al menos el sitio web de dicho local no tiene noticia de aquello. Podrían haber llevado algunas copias a la tocata, pero no fue así.

Como ya mencioné, la presencia de Zurita es extraña, lo que queda en evidencia sobre el escenario. Se le ve incómodo, casi como pidiendo perdón, aspecto que cambia cuando empieza a declamar. Y no es que le venga lo frontman desfachatado, pero cuando hace lo suyo se le ve mucho más en control.

Zurita sobre el escenario sólo se entiende con Henríquez y con sus propios textos. Mira fijamente a Gonzalo cada vez que siente que es su turno para que él le dé la señal de comienzo, pues no maneja de forma exacta los tiempos de las canciones, cuestión que no es extraña, pues no imagino a la banda ensayando día y noche con Zurita para que los shows sean perfectos. Si lo hacen, bien. Y si no, parecen no necesitarlo. Es sorprendente lo bien que fluye todo y cómo encajan las piezas.

Gonzalo le da la señal, Zurita se agarra del micrófono, toma sus hojas con convicción y comienza a declamar de forma rabiosa.

Con el pasar de los minutos a Zurita se le ve más cómodo. Parece que le gusta como va el show. A mí también me gusta, aunque lamentablemente su voz por momentos no se distingue bien porque se pierde entre la música y porque a Zurita como que le cuesta hablarle directamente al micrófono. Pero las cosas iban bien.

El show progresa sin sobresaltos. Es bueno y correcto, por decirlo de alguna manera. Ningún aspaviento, ninguna técnica clásica del rock ‘n roll, sólo la música, los textos y una que otra intervención jocosamente fome de Henríquez.

Zurita ya no está sobre el escenario. Creí que luego de un rato volvería a subir, pero no fue así. También creí que el show sería más extenso y que partiría antes de las 20.00, pero tampoco fue así. La gente de la tienda nos exigió puntualidad, así como inscribirnos para poder entrar y al final ellos no cumplieron lo que les tocaba. A ver cuánto spam de Puma me empieza a llegar al correo. Ojalá al menos me saluden con motivo de la navidad.

Los músicos andan más bien seriotes, salvo unas miradas fugaces y sonrisas cómplices entre Edita y Leo, o cuando Gonzalo molesta a Edita dándole el ritmo de partida de un tema. Ella le sonríe y cuenta haciendo sonar sus baquetas. Comienza una nueva canción.

Que no haya existido mucha “adrenalina” sobre el escenario no es signo de un show plano o fome cuando se trata de música como la de González y los Asistentes. Las cosas tienen otro ritmo, hay una intensidad que no es necesariamente física. No sabría describirla.

Habrán pasado unos 45 o 50 minutos y el show llega a su fin. Creo que fue una buena tocata, una que me gustó bastante, pero que no sería capaz de comparar con nada. Nunca había visto un show de González y los Asistentes ni nada parecido. ¿Fue un show normal de ellos? ¿Bueno? ¿Común y corriente? ¿Malo? Espero, a corto plazo, tener la oportunidad de verlos nuevamente y poder hacerme una idea más acabada de la cuestión.

La exposición de González y los Asistentes es tan mínima que todavía me sorprende que sigan en ejercicio. Esto sí que debe ser, haciendo uso de una expresión extremadamente manoseada, por amor al arte no más. Y no me queda muy claro por qué tienen tan poca publicidad. Son buenos, quizás muy de nicho (salvo por ¿Qué pachó?), pero de igual modo me parece extraño que pasen tan desapercibidos. Aunque a juzgar por el que, asumo, es el Facebook de la banda, tampoco se les da bien lo de la autopromoción. Ojalá no vuelvan a desaparecer y sigan haciendo música y presentándose en vivo.

González y los Asistentes

Foto por PUMA LAB

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s