…dele siguiente no más amigo

La vida es muy corta para pasarla en un taco


BicicletaMi primera bicicleta la tuve cuando tenía 4 o 5 años.

Era azul, con stickers amarillos y naranja en los tubos, me la regaló mi abuelo y con ella aprendí a pedalear.

Recuerdo que me costaba mucho andar lento, fácilmente perdía el equilibrio y por eso siempre andaba muy rápido, incluso cuando doblaba, lo que hacía que cada vez que tenía que dar una vuelta tuviera la impresión de que si me inclinaba un poquito más me caería. Felizmente nunca pasó.

Años después en el trabajo de mi papá me regalaron otra bicicleta. Roja, muy grande para mis 8 años. Mi papá me tenía que ayudar a subir porque no me alcanzaban los pies para llegar al suelo. Él me afirmaba la bici, yo me montaba y partía pedaleando.

Libre.

Esa bicicleta me duró muchos años. Fueron horas y horas de dar vueltas a la manzana porque mis papás no me dejaban ir más lejos, cientos de porrazos, de rodillas rotas y de piedritas enterradas en las palmas de las manos, las que tenía que sacar con pinzas y la ayuda de mi mamá.

Fueron decenas de lecciones bicicleteras que aprendí a golpes en esa bicicleta: nunca cruzar una manguera de a poquito, las cunetas no se suben embistiéndolas a toda velocidad, las ranuras del pavimento no son un buen lugar para transitar, etc.

Pedaleo

Fueron incontables las horas de diversión, pedaleando al máximo y frenando con todo para dejar “una chantá” en el cemento, la cual después presumía con mis amigos.

Cuando entré a segundo medio pedí como regalo de cumpleaños una bicicleta. Llevaba algo así como 3 años sin tener una. Ahí fue cuando me regalaron a mi chancha, la más longeva, la más fiel, la que más he querido, la mejor de todas.

Estaba lejos de ser una tremenda bici, no costo caro, todo lo contrario, era pesada como tanque y los componentes ahí nomas, pero siempre aperramos juntos. Con el tiempo tuve que cambiarle partes (y aprendí mecánica de paso) y ahora lo único que queda de la original es el marco, tee y juego de dirección, pero aún así sigue siendo mi chancha.

Por esos años un amigo me contó del San Cristóbal y un sábado en la tarde fue la primera vez que intenté subirlo en bicicleta…qué desastre! Después de la primera subida estaba agotado, pero seguí hasta El Hundimiento y ahí me quedé porque no podía más.

Con ella pedaleé lo indecible. Viajes desde mi casa en Ñuñoa hasta Maipú, hasta el Plaza Vespucio, hasta el Alto Las Condes, hasta las canchas de Zamorano allá arriba del cerro, cientos de viajes hasta el trabajo, una vez llegamos juntos a Valparaíso y otras tres veces a Viña.

Ahora tengo una flaca.

Linda. Me siento feliz paseándome por Santiago montado en ella, haciendo el trayecto casa-pega 12 minutos más rápido de lo que lo haría en metro o micro, saliendo a carretear en bici, pedaleando con lluvia, frío, viento, sol o calor.

Me siento inmensamente feliz de decir “no tengo auto”. La verdad es que prefiero aperrar con el pedaleo que con la bencina de un auto o el pasaje de una micro.

Al trabajoNo nací siendo bicicletero, no crecí bicicleteandome la vida y nadie me dijo que tenía que bicicletear, pero en algún momento decidí hacer un viaje en bici, después decidí hacer dos y en eso vi que no era tan terrible transportarse en bicicleta.

Mirando en retrospectiva, puedo decir que es lo mejor que me ha pasado.

No entiendo como la gente elige pasar metido en un taco cuando pueden pedalear, sentir el viento en la cara y toda la alegría de pasear en bicicleta. Entiendo que hay personas que viven lejos y francamente no pueden llegar en bicicleta, a los que no entiendo es a los que viven cerca y aún así no se bajan del auto.

La vida es muy corta para pasarla en un taco. Yo prefiero contaminar menos que el resto, sentir el viento en la cara, estar en forma, comer todo lo que quiera porque esa es mi bencina, andar feliz por la vida con tantas endorfinas de por medio, tener buena salud, no gastar plata en micro, metro, auto o bencina y lo más importante es que prefiero hacer mi esfuerzo por un desarrollo sustentable, hacer mi aporte para ayudar a tener calles más despejadas para que así los que viven realmente lejos también puedan llegar más rápido a sus casas.

Esto es un llamado abierto para que ojalá todos los que pueden también hagan ese pequeño esfuerzo.

La vida es muy corta para que yo me la pase en un taco cuando puedo evitarlo y nuestra comunidad es muy frágil para que el egoísmo nos obligue a todos a pasar el resto de nuestras vidas en un taco.

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